jueves, 24 de junio de 2010

Los Falsos Profetas

Escucha el análisis de un ministro de Dios sobre este falso profeta.


¿Que hacemos con Marcos Witt?






















PROFETAS DE LA MENTIRA


Por David Wilkerson



Ezequiel se enfrentó solo contra todos los falsos profetas de Israel. Estos profetas no estaban involucrados con el mensaje de justicia y de juicio inminente. En vez de esto, ellos profetizaron una era de paz, comodidad y prosperidad.

Ezequiel 13 es la pura palabra de Jehová contra predicadores y profetas quienes apapachaban a las personas con palabras carnales agradables que, decían, eran del Señor. Sus palabras fueron maquinadas para hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo en momentos en que el pueblo se enfrentaba a un juicio inminente de parte de Dios. De hecho, ellos no estaban satisfechos con sólo profetizar buenos tiempos por venir desde sus grandes casas y sus cómodas camas hechas de marfil: ellos buscaron proveer una almohada para cada codo.


“Ay de aquellos que ponen almohadillas debajo de todos los codos...” .
(Ezequiel 13:18) Original hebreo por Spurrell

“...He aquí yo estoy contra vuestras almohadillas, con que cazáis (seducen) las almas...” .
(Ezequiel 13:20) Original hebreo por Spurrell

Ezequiel se encontraba horrorizado al ver a los profetas que habían desarrollado el arte de hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo. El Señor dijo: “Mi pueblo ha puesto sus ídolos en sus corazones; ellos descaradamente han establecido piedras de tropiezo en iniquidad; ya que todos ellos se han apartado de mi por sus ídolos” (Ezequiel 14:1-5, paráfrasis del autor).

La verdadera palabra del Señor fue: “Jehová dice: Come tu pan con temblor, y bebe tu agua con aflicción y con desfallecimiento. Y dile al pueblo, su tierra será despojada de su plenitud, por la maldad de todos los que en ella moran. Las ciudades habitadas quedarán desiertas, y la tierra será asolada. Porque no habrá más visiones vanas, ni profecías de lisonjeros...” (Ezequiel 12:17-24, paráfrasis del autor).

Mientras Ezequiel estaba llamando al pueblo a la humildad y arrepentimiento, tratando de preparar al pueblo de Dios para los juicios que pronto vendrían, estos profetas de almohadilla profetizaban los sueños e imaginaciones de sus propios corazones. Dios no les había hablado, y aún así ellos introducían sus profecías con: “Escuchad la palabra del Señor...” Dios dijo: “YO NO LOS ENVIÉ. ELLOS NO HABLAN POR MÍ”.

Llevaban con ellos almohadas elegantes para ponerlas bajo los codos de aquellos que les seguían para oír sus falsas profecías. Ponían pañuelos sobre la cabeza de cada uno de sus discípulos, como una forma de declararle a los demás: “Muy buenos tiempos están por delante. No vemos sino paz y lujo”. Caminaban entre el pobre y el enfermo poniendo sobre su cabeza un pañuelo con encaje, como una señal de su confianza en el mensaje de los profetas de la autoindulgencia y la comodidad.

Ezequiel les habló fuertemente la palabra de Dios cuando las masas se congregaban a oír estas palabras placenteras y agradables.

“Los profetas de Israel que profetizan acerca de Jerusalén, y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice Jehová el Señor”. (Ezequiel 13:16)

“Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!". (Ezequiel 13:3)

¡Los profetas de almohadilla están todavía entre nosotros! Ellos hablan acerca de la palabra de Dios, acerca de profecía, y sazonan sus suaves mensajes con mucha Escritura. Pero hay una falsedad en lo que ellos predican. No están predicando la cruz o la santidad y la separación. No hacen demandas a los que los escuchan. Muy pocas veces hablan de pecado y juicio. Aborrecen el solo mencionar sufrimiento y dolor. Para ellos, los héroes del libro de los Hebreos fueron cobardes sin fe y perdedores sin dinero, quienes tenían miedo a reclamar sus derechos.

Tal como los profetas de almohadilla de Israel, su único deseo supremo es promover estilos de vida lujosa y hacer a las personas sentirse cómodas en su búsqueda de la buena vida. Ellos no están hablando de parte de Dios. Todo lo que ellos están haciendo es sentarse pasando almohadas. Una para cada codo de cada seguidor. Con razón las multitudes se congregan para sentarse a escuchar sus mensajes –sin ninguna demanda–. Estos mensajes no son el llamado de Cristo para negarse y tomar la cruz.

¿Cuál es la diferencia ente los profetas de almohadilla, y los verdaderos profetas de Jehová? El creyente que no conoce la diferencia está en un terreno peligroso. Con tantos que andan por ahí reuniendo enormes congregaciones, es imperativo tener discernimiento del Espíritu Santo. Los profetas que están confundiendo a la gente deberán ser confrontados y expuestos por la verdad. La mayoría de ellos se ven y se oyen sinceros, hombres de Dios amantes de la Biblia. Pero el Señor ha dado a su pueblo pruebas infalibles para probar lo que es verdadero y lo que es falso. Debemos probar cada hombre y cada mensaje a través de toda la palabra de Dios.

Permíteme traer tu atención a tres características de un verdadero profeta de Dios.

I. ¡Un verdadero hombre de Dios es consumido por una visión del Señor Jesucristo!

Él ha sido tan sumergido, tan profundamente dirigido y capacitado por esa hermosa y gloriosa visión, que no puede hablar de nada más. Él predica todo el consejo de la Palabra de Dios –siendo Cristo glorificado en todo–.

“Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” . (Hechos 20:27)

Dios dijo de los falsos profetas: “¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!” (Ezequiel 13:3).

Aun de Moisés se escribió: “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).

Jesús dijo de Abraham: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56).

Esteban tuvo una gloriosa visión de Él. “Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:56).

Ananías dijo a Pablo: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca” (Hechos 22:14).

A sus propios discípulos, Jesús dijo: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis...” (Juan 14:19).

La cosa que cada uno de estos hombres de Dios tenían en común fue su vida controlada por la visión de Cristo el Señor. Cristo fue su más grande y único motivo de vivir. Ellos vieron a Cristo a través del ojo de la fe.

Moisés voluntariamente dejó la comodidad y la prosperidad de Egipto para sufrir privación en un desierto porque él había sido transformado y perfeccionado por una visión de Cristo. Nada más le importaba, ni aun su sueño de convertirse en el gran libertador. Él vio más allá de cualquier ambición humana. Él fue apartado de todo lo que era terrenal porque él había visto a Cristo. Él pudo soportarlo todo, porque nada en la tierra podía compararse con lo que sus ojos espirituales contemplaron.

Abraham se volvió totalmente apartado de este mundo y voluntariamente llegó a ser un extranjero en la tierra, porque sus ojos estaban puestos en la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Ver Hebreos 11:9-10). Pero sobre todo él había visto una visión de Cristo en su trono en aquella santa ciudad. Nunca volvió a poner su atención en las cosas terrenales o temporales. Su fe era edificada sobre su continua visión de Cristo. Él se regocijaba y estaba contento, porque tenía puestos sus ojos en el invisible, el eterno, ¡Cristo!

Desde el momento en que Pablo le vio, todo lo demás aquí en la tierra se convirtió en basura (estiércol, en el griego original) para él. Desde el momento en que Cristo fue revelado en él, Pablo determinó no saber de nada más entre los hombres sino de su Señor.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”. (Filipenses 3:7-10)

Él alegremente soportó trabajos, naufragios, que lo apedrearan, azotes, privaciones, cárceles; ninguna de estas cosas lo movieron de su fe porque él se gloriaba en la visión que tenía del Señor (Ver 2a Corintios 11:23-28).

Cualquier hombre de Dios que está atado a esta tierra o a las cosas de esta tierra no ha visto nada. Si él tuviera una visión de Cristo, si él estuviera en constante unión con Cristo, él no podría predicar de nada más. Él se pararía ante las multitudes, proclamando: “¡Estimo todas las cosas como pérdida –todo lo tengo por basura (estiércol)–. Es Cristo y Él solamente. Él es todo. Él llena todas las cosas. Él es toda mi vida!”.

Tal como sucedió a Isaías, el verdadero hombre de Dios que ve al Señor, alto y sublime, caerá sobre su rostro y llorará por sus pecados y los pecados del pueblo de Dios. Entonces él será limpiado y purificado e irá en el poder de su grandiosa visión a predicar a Cristo.

Dios le advirtió a Israel: “Los profetas son como zorras...” (Ver Ezequiel 13:4). En otras palabras, algunos no tienen ni siquiera un simple ojo enfocado en Cristo, sino que tienen los ojos llenos de avaricia. Despojan y roban la viña, tomando lo mejor para ellos mismos. ¡Andan en sus propios caminos, alimentando su propio ego!

Estos profetas egoístas, que buscaban lo suyo propio, decían y enfatizaban que habían oído la voz de Dios. Reclamaban que era una palabra profética directamente del cielo.

“Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos”. (Ezequiel 13:6)

Las multitudes del pueblo de Dios quienes corren a acercarse para oír mensajes suaves solamente necesitan tomarse un segundo, y honestamente mirar y observar lo que están oyendo y creyendo.

“¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado?” . (Ezequiel 13:7)

“Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto”. (Ezequiel 13:10)

Su mensaje era: “Dios me ha dicho que todo está bien. No hay problemas en los tiempos venideros. ¡Buenos tiempos! No vendrá juicio o tribulación. El deseo de Dios es que todos estemos felices, prósperos y descansadamente...” ¡El Señor le llama a esto engañoso!

Yo no creo que los ministros estén tomando suficientemente en serio la tragedia de predicar el mensaje equivocado. ¡Cómo nos atrevemos a predicar paz y buenos tiempos contínuos e interminables a un mundo y a un pueblo que están al borde del juicio!

El pecado de Israel estaba a punto de explotar en fuegos increíbles de ira divina. Ezequiel no deseaba predicar tal mensaje que causaba molestias, especialmente a un pueblo que se amontonaba alrededor de los profetas de almohadilla, quienes le decían al pueblo de Dios que todo estaba bien.

Veamos lo que Dios estaba tratando de decir a su pueblo: “Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Como la madera de la vid entre los árboles del bosque, la cual di al fuego para que la consumiese, así haré a los moradores de Jerusalén. Y pondré mi rostro contra ellos: de un fuego escaparon pero otro fuego los consumirá... Yo he puesto mi rostro contra ellos... Haré que esta tierra sea desolada, por cuanto abusaron del pecado dice Jehová el Señor” (Ezequiel 15:6-8, Spurrell).

El pueblo rechazó la verdadera palabra de Dios. Las masas corrieron tras sus maestros para oír el mensaje engañoso: “Dios no es esa clase de Dios. Él desea únicamente lo mejor para todos nosotros. Gran paz y buenos tiempos están por delante. No escuchen a los profetas anticuados de juicio. Dios me ha dicho directamente desde su trono que lo mejor está por venir” (Ver 2a Timoteo 4:1-4).

Yo te pregunto a ti, ¿qué harán estos profetas de almohadilla cuando Dios comience a juzgar los pecados de esta nación y les quite su pan y su plenitud? Piensa en las multitudes de cristianos sinceros que no están preparados, quienes deberían estar arrepintiéndose de su tibieza; quienes deberían estar llorando por causa de su conformidad con el pecado y de su avaricia; quienes deberían estar dejando y abandonando todo en vez de estar acumulando.

Gracias a Dios, el Espíritu Santo está levantando un pueblo santo que está harto de todos los ministerios centrados en sí mismos y su clamor es: “¡Queremos ver a Jesús!”. El Evangelio centrado en el hombre no puede perdurar mucho tiempo más. Un tiempo de limpieza está por delante. Nos estamos dirigiendo a fuegos de refinamiento.

Mientras que los cristianos tibios avariciosos se echan a sus anchas a descansar en sus lechos de quietud y comodidad con lujos, un remanente se separará e irá en busca del Novio. Cristo se va a revelar al humilde, al pobre de espíritu, y la verdadera palabra de Dios fluirá hacia otros con unción y poder. La unión con Cristo se convertirá en la perla de gran precio.

II. El verdadero hombre de Dios predica y practica el negarse a sí mismo

¡Compara esto con lo que los profetas de almohadilla enfocan en sus mensajes! Dios dijo de ellos: “¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir, y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?” (Ezequiel 13:19). Una traducción moderna a este versículo es: “Estos profetas de almohadilla tienen dinero en sus mentes. El dinero les ha hecho mentirosos”.

He aquí un retrato completo de un profeta de almohadilla. Él permite que su imaginación corra desenfrenadamente. Él opera en la idea que la prosperidad durará para siempre. Edifica sobre sueños y planes. Para hacerlo necesita dinero –mucho dinero–. Su necesidad de dinero se convierte en el enfoque de su ministerio. Él termina diciendo mentiras al pueblo de Dios para conseguirlo. Entonces él lo contamina todo diciendo: “Dios me dijo...”.

El mensaje de Jesucristo es dolorosamente directo: “NIÉGATE A TI MISMO Y TOMA TU CRUZ”.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” . (Mateo 16:24)

Negarse a sí mismo. ¡Qué concepto que suena tan extraño en estos días de tantos mensajes acariciadores y cómodos! Estos profetas de almohadilla lo han rechazado por completo. Negarse a sí mismo es el abandonar y renunciar a todo lo que impide la presencia constante de Cristo.

No hay ningún mérito en negarse a sí mismo. Somos salvos por gracia solamente. No se trata de ganar los beneficios de Dios. Pero negarse a sí mismo quita todo lo que impide tener una comunión constante con Cristo. Pablo dijo: “Sino que golpeo mi cuerpo (lo disciplino) y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1a Corintios 9:27).

No estamos poniendo nuestros cuerpos bajo control; nuestras pasiones y apetitos no están bajo sujeción. Programas sensuales de televisión estimulan los apetitos carnales entre los cristianos hacia la pornografía. La lujuria y la sensualidad están casi fuera de control, aun entre los cristianos. Casi a diario escucho de pastores y hermanos que pasan horas viendo películas pornográficas.

Multitudes del pueblo de Dios, incluyendo predicadores del Evangelio, desperdician un tiempo precioso ante el ídolo de la televisión. Tal como Lot, nuestras mentes están siendo perturbadas por las cosas que vemos y oímos.

La comida se está convirtiendo en el narcótico de los creyentes. No necesitamos cocaína o alcohol, tenemos una droga legalizada: la comida. Nunca en todo el tiempo que tengo de convertido he visto tantos cristianos con apetitos fuera de control.

La verdad más profunda acerca de negarse a sí mismo va más allá de despojarnos de las cosas materiales. Tú puedes vender tu televisión, huir de todos los sonidos e imágenes eróticas, traer todos los apetitos de la carne bajo control, y aún no haberte negado a ti mismo.

Lo que Cristo está pidiendo, es una clase de devoción hacia Él mismo, que eche fuera del corazón todo lo que impide una profunda unión con Él. Es un compromiso a convertirnos en absolutamente nada ante Dios y los hombres. Es estar completamente dispuestos a decir como Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...” (Gálatas 2:20).

El mundo deberá perder su encanto para nosotros. Debemos morir a toda ambición personal –a todas las ataduras, a las cosas terrenales– hasta que podamos decir honestamente: “Yo estoy muerto a este mundo y todo lo que representa. Ya no vivo yo”.

Físicamente vivo, ¡sí! pero yo debo morir a todo lo que impida mi visión y amor por Cristo. Cualquier cosa que sea deberá irse. ¿Lujuria, sensualidad, lascivia? ¿Planes de nuestro propio yo? ¿Amarguras, enemistades, rencores, envidias, malos sentimientos? ¿Reconocimiento? ¿Autoestima? Debo morir a todo esto. Debo traerlo todo a la cruz y ejecutar un juicio de mi propia persona.

¿Por qué los cristianos que están a punto de morir se separan tanto del mundo y de las cosas físicas y materiales? Es porque la eternidad está a la vista. Todo palidece en comparación al gozo que está por delante. ¿Por qué no podemos vivir así todo el tiempo? ¿Por qué no mantenemos nuestras mentes fijas en Cristo en todo tiempo?

III. Un verdadero hombre de Dios expone con atrevimiento santo el pecado. ¡Él nunca encubre la maldad!

Los profetas de almohadilla no tienen fundamento de santidad sobre el cual edificar. Ezequiel dijo: “Y será descubierto su cimiento...” (Ezequiel 13:14).

Los profetas de almohadilla estaban construyendo paredes con mezcla de cal y arena sin consistencia, o sea como un lodo suelto, y pintadas las grietas por encima con cal para blanquear las paredes.

Lo peor de todo, es que con su mensaje y la manera en que lo decían, “entristecieron con mentiras el corazón del justo y fortalecieron las manos del impío” (Ver Ezequiel 13:22). Dios les acusó de estar enviando al infierno las almas por ignorar el pecado. Esto entristeció a Dios, que hijos de Dios comprometidos con el pecado fueran animados, en vez de ser expuestos a su pecado. La ligereza en cuanto al pecado únicamente los confirmaba más a seguir envueltos en sus pecados.

Dios no permitirá a ningún ministro del Evangelio entristecer, perturbar o afligir a sus escogidos y seguidores devotos y sinceros sin su previo consentimiento. Pero tampoco permitirá Dios que los profetas de comodidad le llamen a lo malo, bueno –y apapachen a los cristianos apóstatas que necesitan arrepentirse–.

Ciertamente estamos llamados a predicar el Evangelio de gracia, misericordia y perdón. Pero al hombre de Dios también se le ordena levantar su voz, hablar fuertemente y no detenerse para mostrarle al pueblo de Dios sus pecados.

“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado”. (Isaías 58:1)

¿Podrá ser que no podamos levantar un patrón de santidad a causa de la corrupción en nuestros propios corazones? ¿Podrán nuestros propios pecados quitarnos ese atrevimiento santo de exponer el pecado? ¿Estaremos pasando por alto los pecados de otros a causa de los pecados habituales en nuestros corazones?

¿Conoces algún hombre de Dios que hable fuertemente con determinación contra el pecado? ¿Su mensaje suena no de legalismo sino de pureza profunda personal? Entonces siéntate y escucha su mensaje, porque él tiene la verdad que te hará libre. Él es un verdadero profeta de Dios, y hace a todos los otros profetas temblar y temer. Los profetas de almohadilla le desprecian porque el camina con la verdad en su interior.

¡Busca este mensaje de Dios que haga a Cristo real en ti! Que te convenza de tu tiempo desperdiciado y de que te estás volviendo hacia las cosas de este mundo, que te señalará y te expondrá el pecado.

Los profetas de almohadilla están edificando sus enormes paredes. Ellos se ven muy exitosos y bendecidos. Pero Jehová dice:

“Di a los recubridores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia torrencial, y enviaré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá. Y he aquí cuando la pared haya caído, no os dirán: ¿Dónde está la embarradura con que la recubristeis? Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia torrencial vendrá con mi furor, y piedras de granizo con enojo para consumir. Así desbarataré la pared que vosotros recubristeis con lodo suelto, y la echaré a tierra, y será descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y sabréis que yo soy Jehová”. (Ezequiel 13:11-14)

Dios nos ha dicho que en estos últimos días nuestros jóvenes verán visiones. No de éxito, o prosperidad o de grandes hazañas. Habrá una visión para todos: ¡CRISTO!

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LOS PROFETAS DE LA COMODIDAD


Por: David Wilkerson



Introducción
Ezequiel se enfrentó solo contra todos los falsos profetas de Israel. Estos profetas no estaban predicando el mensaje de rectitud moral y de juicio inminente. En vez de esto, ellos profetizaban que era de paz, comodidad y prosperidad.

Ezequiel 13 es la palabra de Jehová contra aquellos predicadores y profetas que apapachaban a las personas con mensajes agradables a la carne, que decían eran del Señor. Sus palabras fueron maquinadas para hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo en momentos en que más bien, el pueblo se enfrentaba a un juicio inminente de parte de Dios.

Ezequiel se encontraba horrorizado al ver a los profetas que habían desarrollado un arte de hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo. El Señor dijo: “Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, yo Jehová responderé, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos” [Ez. 14:4-5]

La verdadera palabra del Señor era: “Hijo de hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y con ansiedad. Y di al pueblo de la tierra: su tierra será despojada de su plenitud, por la maldad de todos los que en ella moran. Y las ciudades habitadas quedarán desiertas, y la tierra será asolada; Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros…” [Ez. 12:18-24].

Mientras Ezequiel estaba llamando al pueblo a la humildad y al arrepentimiento, tratando de preparar al pueblo de Dios para los juicios que pronto vendrían, estos profetas de la comodidad profetizaban los sueños e imaginaciones de sus propios corazones. Dios no les había hablado, y aún así ellos introducían sus profecías diciendo: “Escuchad lo que dice el Señor…” Dios dijo: “Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió” [Ez. 13:6] YO NO LOS ENVIE. ELLOS NO HABLAN POR MI.

Parecía que cargaban con ellos almohadas cómodas para ponerlas bajo cada codo de aquellos que les seguían para oír sus falsas profecías. Ellos ponían “velos mágicos” sobre las cabezas de cada uno de sus discípulos, esto significaba que ellos les estaban declarando a otros: -Muy buenos tiempos están por delante. No veremos sino paz y lujo-.

Ezequiel les habló fuertemente la palabra de Dios cuando las multitudes se congregaban a oír las palabras placenteras y agradables de los falsos profetas.

“y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice Jehová el Señor…” [Ez. 13:16].

“andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto” [Ez. 13:3].

Igual que en los tiempos de Ezequiel, es ahora

¡Los profetas de la comodidad están todavía entre nosotros! Ellos hablan acerca de la palabra de Dios, acerca de profecía, y sazonan sus suaves mensajes con mucha Escritura. Pero hay una falsedad en lo que ellos predican. No están predicando la cruz, la santidad y la separación. No hacen demandas a los que los escuchan. Muy pocas veces hablan de pecado y de juicio. Aborrecen el solo mencionar el tema de sufrimiento y dolor. Para ellos, los héroes de la fe del libro de los Hebreos fueron cobardes, sin fe y perdedores sin dinero, quienes tenían miedo a -reclamar sus derechos-.

Tal como los profetas de la comodidad de Israel, su único deseo es promover estilos de vida lujosa y hacer a las personas sentirse cómodas en su búsqueda de la buena vida. Ellos no están hablando de parte de Dios.

Todo lo que ellos están haciendo es hacer sentir cómoda a la gente en sus pecados. Con razón las multitudes se congregan para sentarse a escuchar sus mensajes. Estos mensajes no son el llamado de Cristo para negarse a uno mismo y tomar la cruz.

¿Cómo diferenciamos a un falso profeta, de un verdadero seguidor de Dios?

¿Cuál es la diferencia entre los profetas de la comodidad, y los verdaderos profetas de Jehová? El creyente que no conoce la diferencia, está en un terreno peligroso. Con tantos que andan por ahí reuniendo enormes congregaciones, es imperativo tener discernimiento del Espíritu Santo. Los profetas que están confundiendo a la gente deberán ser confrontados y expuestos por la verdad. La mayoría de ellos se ven y se oyen sinceros, hombres de Dios, amantes de la Biblia. Pero el Señor ha dado a su pueblo pruebas infalibles para probar lo que es verdadero y lo que es falso. Debemos probar cada hombre y cada mensaje a través de toda la Palabra de Dios.

Permíteme llamar tu atención a tres características de un verdadero profeta de Dios.

I. Un verdadero hombre de Dios vive consumido por una visión del Señor Jesucristo

Un verdadero ministro está tan sumergido, tan profundamente dirigido y capacitado por esa hermosa y gloriosa visión, que no puede hablar de nada más. Él predica todo el consejo de la Palabra de Dios –siendo Cristo glorificado en todo-. “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” [Hch. 20:27].

Dios dijo de los falsos profetas: “¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!” [Ez. 13:3].

Aun de Moisés se escribió: “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible” [He. 11:27].

Jesús dijo de Abraham: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” [Jn. 8:56].

Esteban tuvo una gloriosa visión de Él. “Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” [Hch. 7:56].

Ananías dijo a Pablo: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca” [Hch. 22:14].

A sus propios discípulos, Jesús dijo: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me vereís” [Jn. 14:19]

Lo que cada uno de estos hombres de Dios tenían en común fue una vida controlada por la visión de Cristo el Señor. Cristo fue su más grande y único motivo de vivir. Ellos vieron a Cristo a través del ojo de la fe.

Moisés voluntariamente dejó la comodidad y la prosperidad de Egipto para sufrir privaciones en un desierto, porque él había sido transformado y perfeccionado por una visión de Cristo. Nada más le importaba, ni aun su sueño de convertirse en el gran libertador. Él vio más allá de cualquier ambición humana. El se apartó de todo lo que era terrenal porque había visto a Cristo. El pudo soportarlo todo, porque nada en la tierra podía compararse con lo que sus ojos espirituales contemplaron.

Abraham se volvió totalmente apartado de este mundo y voluntariamente llegó a ser un extranjero en la tierra, porque sus ojos estaban puestos en la ciudad cuyo arquitecto constructor es Dios [Ver Hebreos 11:9-10]. Pero sobre todo él había visto una visión de Cristo en su trono en aquella Santa Ciudad. Nunca volvió a tener puesta su atención en las cosas terrenales o temporales. Su fe era edificada sobre su continua visión de Cristo. El se regocijaba y estaba contento, porque tenía sus ojos puestos en lo invisible, lo eterno, ¡Cristo!

Desde el momento en que Pablo le vio todo lo demás aquí en la tierra se convirtió en basura [estiércol, en el griego original] para él. Desde el momento en que Cristo fue revelado en él, Pablo determinó no saber de nada más entre los hombres sino su Señor. “Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” [Fil. 3:7-10].

Él alegremente soportó trabajos, naufragios, que lo apedrearan, azotes, privaciones y cárceles. Ninguna de estas cosas lo movieron de su fe porque él se gloriaba en su visión del Señor. [Ver 2 Co. 11:23-28].

Cualquier hombre de Dios que está atado a esta tierra o a las cosas de este mundo no ha visto nada. Si él tuviera una visión de Cristo, si él estuviera en constante unión con Cristo, él no podría predicar de nada más. El se pararía ante las multitudes, proclamando: ¡Estimo todas las cosas como pérdida –todo lo tengo por basura [estiércol]-! Es Cristo y Él solamente. Él es todo; Él llena todas las cosas. Él es toda mi vida.

Tal como sucedió a Isaías, el verdadero hombre de Dios que ve al Señor, alto y sublime, caerá sobre su rostro y llorará por sus pecados y los pecados del pueblo de Dios. Entonces él será limpiado y purificado e irá en el poder de su grandiosa visión a predicar a Cristo.

Los falsos profetas se interesaban mucho en el dinero

Dios le advirtió a Israel: “Como zorras... fueron tus profetas” [Ez. 13:4] En otras palabras, algunos no tienen ni siquiera un simple ojo enfocado en Cristo, sino que tienen los ojos llenos de avaricia. Despojan y roban la viña, tomando lo mejor para ellos mismos. ¡Andan en sus propios caminos, alimentando su propio ego!

Estos profetas que buscaban lo de ellos mismos, decían y enfatizaban que habían oído la voz de Dios. Reclamaban que era una palabra profética directamente del cielo. Dicen: “Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que Él confirme la palabra de ellos”. [Ez. 13:6].

Las multitudes del pueblo de Dios, quienes corren a acercarse para oír mensajes tibios solamente necesitan tomarse un segundo, y honestamente mirar y observar lo que están oyendo y creyendo.

“¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado?” [Ez. 13:7]

“por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz....” [Ez. 13.10].

Su mensaje era: Dios me ha dicho que todo está bien. No hay problemas en los tiempos venideros. ¡Buenos tiempos! No vendrá juicio o tribulación. El deseo de Dios es que todos estemos felices, prósperos y descansadamente… El Señor le llama a esto engaño.

Yo no creo que los ministros estén tomando suficientemente en serio la tragedia de predicar el mensaje equivocado. ¡Cómo nos atrevemos a predicar paz y buenos tiempos continuos e interminables, a un mundo y a un pueblo que están al borde del juicio de Dios! [Ver 1 Ti. 6:3-11].

El pecado de Israel estaba a punto de ser castigado en fuegos increíbles de la ira divina.

Veamos lo que Dios estaba tratando de decir a su pueblo: “Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Como la madera de la vid entre los árboles del bosque, la cual di al fuego para que la consumiese, así haré a los moradores de Jerusalén. Y pondré mi rostro contra ellos; aunque del fuego se escaparon, fuego los consumirá… cuando pusiere mi rostro contra ellos. Y convertiré la tierra en asolamiento, por cuanto cometieron prevaricación, dice Jehová el Señor” [Ez. 15:6-8].

El pueblo rechazó la verdadera Palabra de Dios. Las masas corrieron tras sus maestros para oír el mensaje engañoso: -Dios no es esa clase de Dios. Él desea únicamente lo mejor para todos nosotros. Gran paz y buenos tiempos están por delante. No escuchen a los profetas que predican condenación. Dios me ha dicho directamente desde su trono que lo mejor está por venir- [Ver 2 Timoteo 4:1-4].

Yo te pregunto a ti: ¿Qué harán estos profetas de la comodidad, cuando Dios comience a juzgar los pecados de esta nación y les quite su pan y su plenitud? Piensa en las multitudes de cristianos sinceros que no están preparados, quienes deberían estar arrepintiéndose de su tibieza; estar llorando por causa de su conformidad con el pecado y de su avaricia; deberían estar dejando y abandonando todo en vez de estar acumulando bienes materiales.

Gracias a Dios, el Espíritu Santo está levantando un pueblo santo, que está harto de todos los ministerios centrados en sí mismos, y su clamor es: “Queremos ver a Jesús”.

El evangelio centrado en el hombre no puede perdurar mucho tiempo más. Un tiempo de limpieza está por delante. Nos estamos dirigiendo a fuegos de refinamiento. Mientras que los cristianos tibios y avaros se echan a sus anchas a descansar en sus lechos de quietud, comodidad y lujos; un remanente se separará e irá en busca del Novio. Cristo se va a revelar al humilde, al pobre de espíritu, y la verdadera Palabra de Dios fluirá hacia otros con unción y poder. La unión con Cristo se convertirá en la perla de gran precio.

II. El verdadero hombre de Dios predica y practica el negarse así mismo

¡Compara esto con lo que los falsos profetas de la comodidad enfocan en sus mensajes! Dios dijo de ellos: “Y Habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan… mintiendo a mi pueblo” [Ez. 13:19]. Una traducción moderna a este versículo es: “Estos profetas tienen dinero en sus mentes. El dinero les ha hecho mentirosos”.

He aquí un retrato completo de un profeta falso. Él permite que su imaginación corra desenfrenadamente. Él opera en la idea que la prosperidad durará para siempre. Edifica sobre sueños y planes. Para hacerlo necesita dinero –mucho dinero-. Su necesidad de dinero se convierte en el enfoque de su ministerio. Él termina diciendo mentiras al pueblo de Dios para conseguirlo. Entonces él lo contamina todo diciendo: “Dios me dijo…”.

El mensaje de Jesucristo es dolorosamente directo: NIÉGATE A TÍ MISMO Y TOMA TU CRUZ.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” [Mt. 16:24].

Negarse así mismo ¡Qué concepto tan extraño en estos días de tantos mensajes acariciadores y cómodos! Estos profetas de la comodidad lo han rechazado por completo. Negarse a sí mismo es el abandonar y renunciar a todo lo que impide la presencia constante de Cristo.

No hay ningún mérito en negarse así mismo. Somos salvos por gracia solamente. No se trata de ganar los beneficios de Dios. Para negarse así mismo, quita todo lo que impide tener una comunión constante con Cristo. Pablo dijo, “Sino que golpeo mi cuerpo, [lo disciplino] y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” [1 Co. 9:27].

No estamos poniendo nuestros cuerpos bajo control; nuestras pasiones y apetitos no están bajo sujeción. Programas sensuales de televisión actualmente estimulan los apetitos carnales entre los “cristianos” hacia la pornografía. La lujuria y la sensualidad están casi fuera de control, aun entre los “cristianos”. Casi a diario escucho de pastores y hermanos que pasan horas viendo películas y cassettes pornográficos.

Multitudes del pueblo de Dios, incluyendo predicadores del Evangelio, desperdician un tiempo precioso ante el ídolo de la televisión. Tal como Lot, nuestras mentes están siendo perturbadas por las cosas que vemos y oímos.

La comida se está convirtiendo en el vicio de los creyentes. No necesitamos cocaína o alcohol, tenemos una droga legalizada: la comida. Nunca en todo el tiempo que tengo de convertido he visto tantos cristianos con apetitos fuera de control.

La verdad más profunda acerca de negarse a sí mismo va más allá de despojarnos de las cosas materiales. Tú puedes vender tu televisión, huir de todos los sonidos e imágenes eróticas, traer todos los apetitos de la carne bajo control, y aún no haberte negado a ti mismo.

Lo que Cristo está pidiendo, es una clase de devoción hacia Él mismo, que eche fuera del corazón todo lo que impide una profunda unión con Cristo. Es un compromiso a convertirnos en absolutamente nada ante Dios y los hombres. Es estar completamente dispuesto a decir como Pablo: “Ya no vivo yo”, –es Cristo viviendo en mí–“ [Gá. 2:20].

El mundo deberá perder su encanto para nosotros. Debemos morir a toda ambición personal –a todas las ataduras de las cosas terrenales–, hasta que podamos decir honestamente: “Yo estoy muerto a este mundo y todo lo que representa. Ya no vivo yo”.

Físicamente vivo, ¡sí! Pero debo morir a todo lo que impida mi visión y amor por Cristo. Cualquier cosa que sea, deberá irse. ¿Lujuria, sensualidad, lascivia? ¿Planes de nuestro propio yo? ¿Amarguras, enemistades, rencores, envidias, malos sentimientos?

¿Ansias de reconocimiento? ¿Autoestima? Debo morir a todo esto. Debo traerlo todo a la cruz y ejecutar un juicio de mi propia persona.

¿Por qué los cristianos que están a punto de morir se separan tanto del mundo y de las cosas físicas y materiales? Es porque la eternidad está a la vista. Todo palidece en comparación al gozo que está por delante. ¿Por qué no podemos vivir así todo el tiempo? ¿Por qué no mantenemos nuestras mentes fijas en Cristo en todo tiempo?

III. Un verdadero hombre de Dios expone con atrevimiento santo el pecado -¡él nunca encubre la maldad!-

Los profetas de la comodidad no tienen fundamento de santidad sobre el cual edificar. Ezequiel dijo: “...y será descubierto su cimiento…” [Ez. 13.14].

Los profetas falsos estaban construyendo paredes con mezcla de cal y arena sin consistencia, o sea como un lodo suelto, y pintadas las grietas por encima con cal para blanquear las paredes.

Lo peor de todo, es que con su mensaje y la manera en que lo decían: “entristecisteis con mentiras el corazón del justo... y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino...” [Ez. 13:22].

Y ellos “fortalecieron las manos del impío”. Dios les acusó de estar enviando al infierno las almas por no hablarles contra el pecado. La ligereza en cuanto al pecado únicamente los confirmaba más a seguir envueltos en sus pecados.

Dios no permitirá a ningún ministro del evangelio entristecer, perturbar o afligir a sus escogidos y seguidores devotos y sinceros sin su previo conocimiento. Pero tampoco permitirá Dios que los profetas de la comodidad le llamen a lo malo, bueno, y apapachen a los cristianos apóstatas que necesitan arrepentirse.

Ciertamente estamos llamados a predicar el Evangelio de gracia, misericordia y perdón. Pero al hombre de Dios también se le ordena -levantar su voz, hablar fuertemente y no detenerse, para mostrarle al pueblo de Dios sus pecados–. “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” [Is. 58:1].

¿Podrá ser que no podamos levantar un patrón de santidad a causa de la corrupción en nuestros propios corazones? ¿Podrán nuestros propios pecados quitarnos ese atrevimiento santo de exponer el pecado? ¿Estaremos pasando por alto los pecados de otros, a causa de los pecados habituales en nuestros corazones?

¿Conoces algún hombre de Dios que hable con determinación contra el pecado? ¿Su mensaje proviene no de una moralidad externa, sino de una profunda pureza personal? Entonces siéntate y escucha su mensaje, porque él tiene la verdad que te hará libre. Él es un verdadero profeta de Dios, y hará a todos los profetas temblar y temer. Los profetas de la prosperidad le despreciarán porque él camina con la verdad en su interior.

¡Busca este mensaje de Dios que haga a Cristo real en ti! Que te convenza de tu tiempo desperdiciado y de que te estás volviendo hacia las cosas de este mundo. Que te señalará y te expondrá el pecado.

Los falsos profetas están edificando sus enormes paredes. Ellos se ven muy exitosos y bendecidos. Pero Jehová dice: “caerá; y enviaré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá... Así desbarataré la pared y la echaré a tierra” [Ez. 13:11-14].

Dios nos ha dicho que en estos últimos días nuestros jóvenes verán visiones. No de éxito, o prosperidad o de grandes hazañas. Habrá una visión para todos: ¡CRISTO!

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COMO RECONOCER A UN FALSO MINISTRO

Por Juan Wesley



"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, , ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y hachado en el fuego. Así que por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:15-20).

Apenas se puede concebir o expresar en palabras cuán grandes son las multitudes que corren hacia la destrucción, y que no quieren persuadirse de que deben andar en el camino estrecho, a pesar de saber que es la vía de la salvación eterna. Y de esto somos testigos diariamente. Tales son la torpeza y la locura del género humano, que miles de hombres aún se apresuran en el camino del infierno, sólo porque es él, porque así lo hacen otros; pareciera que prefieren ser de la mayoría, aunque perezcan. ¡Tal es la influencia tremenda que tiene el ejemplo en los míseros y débiles hijos de los hombres! Continuamente están poblando las regiones de la muerte, y ahoga infinidad de almas en la perdición eterna.

A fin de advertir al género humano que evite este peligro, a fin de salvar a cuantos fuere posible de esta epidemia que se desarrolla, ha enviado Dios a sus atalayas que a voz en cuello muestren a la gente el peligro en que se encuentran.

Con este fin mandó a sus siervos los profetas de generación, a que enseñen el camino estrecho, y amonestasen a todos los hombres a no conformarse al mundo. Pero, ¿qué sucederá si los atalayas mismos caen en la red en contra de la cual amonestan a otros? ¿Qué pasará si los profetas profetizan mentiras y hacen que el pueblo yerre el camino? ¿Qué sucederá si señalan como la vía de la vida eterna la que en realidad guía a la muerte perdurable; si exhortan a los demás a que anden, como ellos mismos andan, en el camino espacioso y no en el angosto?

¿Es está una cosa extraña, rara? ¡Ay! Dios sabe que no lo es. Los ejemplos de esto son innumerables. Se hallan en todas épocas y en todo el mundo. ¡Ay, y qué cosa tan horrenda es ésta, que los embajadores de Dios se conviertan en agentes del diablo! ¡Que los que han sido enviados a enseñar el camino del cielo, en realidad enseñan la vía del infierno! Son como las langostas de Egipto, que "se comieron lo que había quedado sano y salvo, lo que quedó después del granizo".

Devoran a los hombres que quedan, que han escapado, a quienes no ha destruido el mal ejemplo. No sin buena razón para ello, nos amonesta tan solamente en contra de ellos nuestro sabio y bendito Salvador cuando dice: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces". Advertencia de la mayor importancia.

A fin de que se grabe más firmemente en nuestros corazones, investigaremos en primer lugar, quienes son estos falsos profetas; en segundo, que disfraz se ponen y finalmente, la manera por la que podremos saber lo que realmente son, a pesar de sus buenas apariencias.

¿QUIÉNES SON ESTOS FALSOS PROFETAS?

Investiguemos primeramente, quienes son estos falsos profetas. Y esto es tanta más necesario, cuanto que estos mismos hombres han procurado torcer esta escritura para su propia perdición, y no sólo la suya, sino la de otros muchos. Por consiguiente, para evitar toda clase de disputa, no haré mucho ruido, como acostumbran algunos, ni haré uso de exclamaciones vanas y retóricas a fin de engañar a los sencillos, sino que diré verdades tan claras y patentes que ninguno que no haya perdido la inteligencia o la modestia, puede negar: Verdades que se relacionen íntimamente con el tenor de las palabras anteriores de Cristo: " Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo 7:13 y 14), puesto que muchos han interpretado estas palabras, sin hacer caso absolutamente de lo que se dijo antes, y como si no se relacionase con el sermón en el que se encuentran dichas palabras.

En este lugar, lo mismo que muchos otros pasajes de la Escritura, y especialmente el Nuevo Testamento, la palabra profeta significa; no la persona que adivina lo futuro; sino que habla en nombre de Dios: Un hombre que dice ser enviado de Dios a enseñar a los demás el camino del cielo.

Un profeta falso es aquel que enseña un camino falso, una vía que no lleva al cielo; o lo que viene a ser lo mismo, que no enseña el verdadero camino.



EL CAMINO ESTRECHO Y EL CAMINO ANGOSTO

Todo camino espacioso es infaliblemente falso. Por consiguiente, esta regla es clara y segura: "Todo aquel que enseña a los hombres a que anden por el camino espacioso, una vía por la que van muchos, es un falso profeta".

Por otra parte, el camino al cielo es angosto. Luego esta otra regla es también clara y segura: "Todo aquel que no enseña a los hombres a que anden por el camino angosto, a ser diferente de los demás hombres, es un falso maestro".

Extendámonos más todavía. El único camino al cielo es estrecho; el angosto. El que Jesús enseña en sus palabras anteriores; luego todo aquel que no enseña a los hombres ese camino, es un falso profeta.

Ahora bien, el camino angosto, es el camino de la humildad de los que lloran, de la mansedumbre, de los deseos santos, del amor a Dios y al prójimo donde se hace el bien, y se sufre el mal por amor a Cristo. Luego todo aquel que enseña un camino diferente de éste como si fuera la vía del cielo, es un falso profeta.

Nada importa el nombre que se dé a ese otro camino: que se llame fe; o buenas obras; o arrepentimiento; o arrepentimiento, fe y la nueva obediencia todos estos nombres son buenos; pero si esos nombres o cualquier otro, enseña alguno a los hombres ese camino, es en verdad un falso profeta.

¡Cuán tremenda debe ser la condenación de aquellos que hablan mal del buen camino; y sobre todo la de los que enseñan una vía enteramente opuesta, el camino del orgullo, de la liviandad, de las pasiones, de los deseos mundanos en el que se buscan placeres más que a Dios, de la dureza para con nuestro prójimo, del desprecio de las buenas obras y donde no se sufre ningún mal ni persecución por causa de la justicia!

Si alguien me pregunta: "¿Cuándo ha enseñado alguno esto, o quien lo enseña como el camino del cielo?" Le contestaré: Miles de varones tenidos como justos y sabios; todos aquellos que en diferentes denominaciones animan a los soberbios, los frívolos, los dados a las pasiones, los amantes del mundo y de los placeres, los injustos, los duros de corazón, los perezosos, los descuidados, los buenos para nada, los inútiles, los que nada sufren por la justicia, y les permiten imaginarse que van por el camino al cielo.

Estos son los falsos profetas en todo el sentido de la palabra. Los que traicionan a Dios y al hombre; los primogénitos de Satanás, los hijos mayores de Apolión el destructor. Estos son mucho peores que los asesinos, puesto que destruyen las almas de los hombres; continuamente están poblando las regiones de la obscuridad, y cuando sigan en pos de las almas que han arruinado, "el infierno abajo se espantará y saldrá a recibirlos."




LOS FALSOS PROFETAS SE PRESENTAN CON APARIENCIA DE PIEDAD. POR FUERA OVEJAS, POR DENTRO LOBOS.


Pero, ¿se presentan ahora tales cuales son? Nada de eso. Si así lo hicieran, no podrían destruir a tantos. Todos se alarmarían huirían para escapar con vida. Por consiguiente, asumen una apariencia enteramente distinta, que es el segundo punto que vamos a considerar, "vienen con vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces."

"Vienen a vosotros con vestidos de ovejas" es decir, su apariencia es la de hombres que no pueden hacer daño. Se presentan del modo más amable e inofensivo, sin la menor señal de enemistad. ¿Quién se ha de figurar que estos individuos tan pacíficos podrán hacer mal a nadie? Tal vez no sean tan celosos y activos en hacer bien como uno deseara; pero no obstante, no hay razón para sospechar que tengan ni siquiera el deseo de hacer daño -Pero no es esto todo.

En segundo lugar, vienen aparentando ser útiles, como si estuvieran llamados a esto cabalmente, a hacer el bien. Están encargados especialmente de velar por sus almas, de educarlos en el camino de la vida eterna. Su deber, aparentemente es ir por todas partes "haciendo bien, y sanando a todos los oprimidos del diablo". Siempre hemos estado acostumbrados a considerarlos como mensajeros de Dios, enviados a traernos bendiciones

En tercer lugar, vienen con la apariencia de la religión. Les podrán asegurar que es el celo de Dios, y solamente eso lo que les impulsa hacer lo que hacen . Todo lo que hablan es a impulsos de su amor a la verdad y el temor de que ésta sea menoscabe; puede ser por amor a la iglesia y el deseo de defenderla de sus enemigos.

Vienen sobre todo, con la apariencia del amor. Se toman todas estas molestias solamente por su bien; no deberían molestarse, pero se interesan por ustedes. Protestarán sus buenos deseos, la ansiedad que sienten al ver el peligro en que están, sus deseos fervientes de protegerlos en contra de toda clases de errores, de que no caigan en doctrinas nuevas y falsas. Sentirán mucho que ver que cualquier persona de tan buenas intenciones, acepta opiniones exageradas, o que esta perpleja con nociones extrañas e incomprensibles, o alucinada por el entusiasmo. Por tanto, les aconsejarán que estén quietos en el camino claro de en medio; que no sean demasiado justos, no sea que "se destruyan a sí mismos".

¿CÓMO PODEMOS SABER LO QUE REALMENTE SON A PESAR DE SUS APARIENCIAS?

Pero, ¿cómo sabremos lo que realmente son, a pesar de su apariencia engañadora? Este es el tercer punto que nos propusimos investigar. Nuestro bendito Señor vio la necesidad de que todos los hombres conozcan a estos falsos profetas, por más que se disfracen, y dilucidan la verdad por la gran cantidad de consecuencias. Nos da, por consiguiente una regla clara y sencilla que aún las inteligencias de más cortos alcances pueden fácilmente comprender, y que puede aplicarse en todas ocasiones: "Por sus frutos los conoceréis".

Fácilmente podemos aplicar esta regla a todas horas. A fin de saber si ciertas personas que hablan en nombre de Dios son verdaderos o falsos profetas , es fácil observar primero: ¿Qué influencia tienen en sus propias vidas? ¿Qué frutos producen sus doctrinas? ¿Son puros y limpios en todas las cosas? ¿Qué efecto tienen en sus corazones? ¿Dejan ver en todo el tenor de sus vidas que sus disposiciones y costumbres son santas, celestiales, divinas; que está en ellos la mente que estuvo en Jesucristo; que son mansos, humildes, pacíficos, amantes de Dios y del hombre, y celosos en hacer buenas obras?

Fácilmente podemos investigar, en segundo lugar, que frutos produce su enseñanza en aquellos que los escuchan, si no en todos, al menos en muchos de ellos; porque ni los apóstoles convirtieron a todos aquellos a quienes les predicaron. ¿Tienen estos la mente de Cristo? ¿Andan como El anduvo? ¿Y su andar de esta manera, es el resultado de haber escuchado a dichos profetas? ¿Eran inicuos interior y exteriormente hasta que los escucharon? Si así fuere, claro está que los hombres son verdaderos profetas, maestros enviados por Dios. Pero si no es así, si no se enseñan a sí mismos o a otros eficazmente el amor y el servicio de Dios, claro está que son falsos profetas, que no han sido enviados por Dios.

Palabra dura es ésta, y ¿quién la podrá soportar? Nuestro Señor lo sabía y por lo tanto condescendió a probarlo muy extensamente por medio de varios argumentos claros y convincentes.

"¿Acaso se recogen uvas de los espinos" dice, "o higos de los abrojos" (v. 16). ¿Esperaremos buenos frutos de estos hombres perversos? ¡Más bien se puede esperar coger uvas de los espinos o higos de los abrojos! "Todo buen árbol da buenos frutos, mas el árbol malo da malos frutos" (v. 17). Todo verdadero profeta, todo verdadero maestro enviado por Dios, lleva el buen fruto de la santidad; pero el falso profeta, el falso maestro, a quien El no ha enviado por Dios, no lleva malos frutos una que otra vez, sino continua y necesariamente. Así que, tengamos como regla eterna: "Por sus frutos los conoceréis".

Todo aquel, que de hecho hace que los orgullosos, iracundos, de compasión superficial, amantes del mundo, se vuelvan humildes amables, amantes de Dios, quien naturalmente confirma sus palabras. Por otra parte, aquel cuyos oyentes permanecen tan injustos como antes, o quienes no tienen la justicia que excede a la de los escribas y fariseos, es un falso profeta, y a no ser por un milagro de la gracia divina, tanto él como los que le escuchan, caerán en el hoyo.

¡GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS!


"¡Guárdense de estos falsos profetas!" porque aún cuando vengan "con vestidos de ovejas, por dentro son lobos rapaces". Sólo vienen a destruir y devorar al rebaño, y si no hay quien lo defienda, lo hacen pedazos. Aunque quieran, no pueden guiarlos por el camino al cielo; no es posible que lo hagan, puesto que no saben la vía. ¡Guárdense de ellos, no sea que los descaminen y hagan que pierdan todo lo que ya tenían!


UNAS PALABRAS DE AMONESTACIÓN A LOS FALSOS PROFETAS


No puedo concluir sin dirigir antes unas cuantas palabras a aquellos de quienes hemos estado hablando.

¡Ustedes, profetas falsos, huesos secos, escuchen, a lo menos hoy, la Palabra de Dios! ¿Hasta cuándo dejarán de mentir en el nombre de Dios, diciendo: "Dios ha hablado", cuando Dios no habló? ¿Hasta cuándo seguirán torciendo los caminos rectos del Señor, cambiando la luz por tinieblas y las tinieblas por luz? ¿Hasta cuándo dejarán de enseñar el camino de la muerte, llamándolo, camino de la vida? ¿Hasta cuándo cesarán de entregar a Satanás las almas que pretenden llevar a Dios?

"¡Ay de vosotros, ciegos guías de ciegos!, porque cerráis el Reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar." A los que se están esforzando a entrar por la puerta angosta , llaman el camino espacioso; a los que apenas han dado unos cuantos pasos en la vía del Señor amonestan diabólicamente que no vayan muy lejos. A los que cabalmente empiezan a tener hambre y sed de justicia, persuaden a que no sean "demasiado justos" y de este modo los hacen tropezar en el mero dintel. Sí, logran hacer que caigan para no levantarse más. ¿Por qué hacen esto? ¿De qué les aprovecha su sangre cuando caen en el hoyo? ¡Qué ganancia tan miserable! "Perecerán por su maldad, pero su sangre demandará Dios de vuestras manos!"

¿Dónde tienen los ojos, dónde la inteligencia? ¿Tanto han engañado a otros, que acabarán por engañarse a sí mismos? ¿Quién les ha dicho que enseñen el camino, el cual no conocen? ¿Se han "entregado a semejante error, de tal manera, que no sólo enseñan sino que aún creen una mentira?" ¿Es posible que crean ser enviados de Dios, que son sus mensajeros? Si el Señor les hubiera enviado, Su obra prosperaría en sus manos. Vive el Señor, que si fueran los mensajeros de Dios, el "confirmaría las palabras de sus mensajeros;" pero la obra del Señor no prospera en sus manos; no traen pecadores al arrepentimiento; no confirma el Señor sus palabras, puesto que no salvan almas de la muerte.

¿Cómo pueden evadir las palabras del Señor, tan terminantes, tan fuertes, tan decididas? ¿Cómo pueden dejar de conocerse por sus propios frutos, frutos malos de árboles malos? "¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?" Aplíquense estas palabras, porque a ustedes pertenecen. ¡Oh, árboles secos!, ¿por qué inutilizan el terreno? "Todo buen árbol lleva buenos frutos." ¿No ven que no hay excepción? Sepan, pues, que no son buenos árboles, puesto que no llevan buenos frutos. "Mas el árbol malo da malos frutos," y ustedes, desde el principio, han dado malos frutos. Lo que han hablado, como si fuera de Dios, sólo han confirmado a los que les han escuchado, en el carácter y las obras del diablo. Reciban la amonestación de aquel en cuyo nombre les hablo, antes que pase la sentencia que los está amenazando. "Todo árbol que no da buen fruto, se corta, y se echa al fuego."

¿Oh, los que saben aludidos no endurezcan su corazón! Por mucho tiempo han cerrado sus ojos para no ver la luz. Ábranlos, pues, antes que sea demasiado tarde; antes que les echen a las tinieblas de afuera. ¡No dejen que ninguna consideración temporal pase a su mente, porque arriesgan toda la eternidad! Antes de ser enviados han corrido. ¡No vayan más lejos; no condenen sus almas y las de los que les escuchan! No tienen fruto de su trabajo. Y ¿por qué? Simplemente porque no está el Señor con ustedes. Humíllense, pues, ante El; clamen a El desde el polvo, para que vivifique sus almas, les dé la fe que obra por el amor, ese amor que es humilde y manso, puro y misericordioso, celoso en buenas obras, que se goza en la tribulación en los reproches, en los sufrimientos, en la persecución por falta de la justicia. Entonces reposará sobre ustedes el "glorioso espíritu de Cristo", y se verá que son de Dios. Entonces harán la obra de evangelistas y cumplirán su ministerio. La Palabra de Dios será en sus labios, como "martillo que quebranta la piedra". Por sus frutos se sabrá que son profetas del Señor, aún por medio de los hijos espirituales que Dios les dé. Y después de enseñar justicia a la multitud, resplandecerán como las estrellas a perpetua eternidad.

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